
Bodhisattva de la Tierra y Guardián de las Almas
Jizō, conocido en sánscrito como Kṣitigarbha, es un bodhisattva ampliamente venerado en el budismo del este de Asia. Su nombre lleva el significado de "Tesoro de la Tierra" o "Vientre de la Tierra", reflejando su profunda conexión con la fuerza sustentadora del suelo que sostiene a todos los seres vivos. Se le representa habitualmente como un monje budista de cabeza rapada, portando un bastón con anillos para abrir las puertas del infierno y una joya que concede deseos e ilumina la oscuridad.
Jizō formuló dos votos célebres: guiar e instruir a todos los seres a través de los seis reinos de la existencia durante el largo período comprendido entre la muerte del Buda Shakyamuni y la futura llegada de Maitreya, y posponer su propia consecución de la Budeidad hasta que cada alma hubiera sido liberada del infierno. Esto lo vincula especialmente con la compasión hacia los que sufren, y es considerado ampliamente como el guardián de los seres en los reinos infernales. En Japón, también es profundamente querido como protector de los niños, los bebés fallecidos y las almas de los no nacidos.
En la religión popular japonesa, Jizō ocupa un lugar de íntima presencia en la vida cotidiana, siendo llamado con cariño "O-Jizō-san". Estatuas de piedra que lo representan se encuentran a lo largo de caminos y encrucijadas en todo Japón, reflejando su papel de guía protector reminiscente de la divinidad tradicional de los caminos. Su imagen apacible y accesible, unida a su compasión sin límites, lo han convertido en una de las figuras más entrañables de la cultura budista japonesa.