
Dios de la Creación y la Destrucción
Izanagi-no-Mikoto, fuerza primordial del antiguo sintoísmo, es el “Masculino-que-invita”, pareja de Izanami y fuente de la vida. Juntos modelan las islas japonesas y engendran a Amaterasu, Tsukuyomi y Susanoo, uniendo los mitos de la creación con el linaje imperial.
Recogido en el Kojiki (712) y el Nihon Shoki (720), el relato comienza cuando la pareja divina agita el mar primordial para hacer surgir la tierra. Su unión puebla el archipiélago. Tras la muerte de Izanami, Izanagi regresa del mundo de los muertos y realiza un rito de purificación (misogi); de este acto nacen las deidades del sol, la luna y la tormenta, que ordenan el ciclo del día, la noche y el clima.
Su culto se extiende por todo Japón, con un santuario principal en Izanagi Jingū, en la isla de Awaji, considerada una de las primeras tierras creadas. Los santuarios privilegian la presencia espiritual sobre la imagen: torii, bosques sagrados y ofrendas de arroz, sake y sal sustituyen las representaciones figurativas. Cuando se le representa, Izanagi puede portar la lanza celestial adornada con joyas.
Hoy simboliza los comienzos, la renovación y la purificación. Se le invoca en momentos clave de la vida, manteniendo su papel central en el imaginario sintoísta.
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